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Victoria de los Ángeles es una de las grandes leyendas de la lírica del siglo XX. Fue una de las sopranos más aclamadas por los mejores teatros de ópera del mundo, una de las voces favoritas del Gran Teatre del Liceu que la vio debutar y del Metropolitan de Nueva York que disfrutó de sus actuaciones durante una década. Fue además una de las cantantes más admiradas de los escenarios europeos y españoles en los que ofreció recitales históricos, muchos de los cuales han quedado inmortalizados en grabaciones antológicas.

Una sensibilidad que supo compartir y comunicar, siempre con generosidad, y mediante la voz, posiblemente el mejor instrumento de todos, el más frágil. Con este instrumento, con sensibilidad y dominio de la técnica, Victoria de los Ángeles hizo un arte con el que sobrepasó una única forma musical como la ópera. El lied, el concierto y el oratorio fueron manifestaciones en las que la soprano barcelonesa se sintió cómoda, ya desde sus inicios y a partir del su debut en el Palau de la Música Catalana, en mayo de 1944. Después de una brillante carrera internacional por los cinco continentes (siempre bien recibida y querida por el público de los teatros y salas de conciertos más prestigiosos del mundo), con discreción y después de un recital, la pequeña figura de Victoria se escurría por las bambalinas de la Sala Grande del Teatro Nacional de Cataluña, el 28 de diciembre de 1997. El 15 de enero del 2005, nos dejaba para siempre, después de regalarnos un legado que no tiene precio: el de su canto.